Flores talladas como pirámides
sostienen sus pétalos en mis labios,
en la luz de luna, melancolía de sabios,
porque la moral se la llevó el aire
y la perdió en lagos de plata,
que se derramaban al cielo
dando una estela escarlata
de tenue sabor a hielo,
y es que vida y muerte fueron testigos
de todos sus prodigios,
como la muerte del amor,
la idealización del corazón
como el esfuerzo provocado por el dolor,
cruel y frío caparazón,
la paciencia la llamaba,
prisionera en sus carnes
se describía entre baladas,
sin poder contentar todas sus partes.
Y es que el tiempo montó una hoguera,
iconoclasta del ser humano,
por tener ellos los pies en la tierra,
mientras él, solo tiene manos
y es que la moral se fue con el aire,
en la mañana de un sol temprano
pero tampoco la quería nadie
y ahora canta por la fe de un buen cristiano.
Pero finalmente, el tiempo todo se lo lleva,
es pasajero, como los sueños que amamos
que crecen como la hierba en primavera,
y se escapan, igual que el agua entre las manos.
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