y tu paisaje gris,
luz de la realeza
y seré en tu redil.
Me tocas y me sientes,
me acomodas,
pero no me muerdes,
pues resistes largas horas,
no te molesto,
tampoco mis pesados brazos,
que en ti toman aliento
cuando letras, en mis ojos, tienen regazo.
Eres firme,
firme, sin ser espada,
eres asiento sin ser de mimbre,
¡Bendito colchón que acaricia mi espalda!
Verdugo de mi sueño,
más de una letra escrita,
tú, que serás mi dueño
si te complementa una silla.
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