martes, 9 de julio de 2013

RAIMUNDO REVILLA

Raimundo Revilla fue una persona que jamás faltaba a sus problemas, eso sí, cuando se hablaba de dinero, eso ya era otra cosa. Poseía un trabajo como camarero bastante mal pagado, sus inacabados estudios de arquitectura de poco le sirvieron a la hora de conseguir este salario, que apenas le alcanzaba para pagar el suelo que pisaba, pues de hecho, en ocasiones, no lo hacía. Vivía de alquilado en una casa, y como todo buen inquilino, no pagaba el alquiler, pero las impertinencias de su casera le salían caras a su paciencia.
 Solía llegar a las dos de la noche a aquel antro que llamaba casa, y aquel día no sería distinto. Subió poco a poco las escaleras de madera que conducían al segundo piso, pero por muy meticuloso que fuese, aquellas escaleras de madera no paraban de delatarle. Raimundo Revilla no dejaba de rezar para que su casera no apareciese por tercer día consecutivo detrás suya y le volviese a formar un numerito en los umbrales de las puertas vecinas. Pero no tuvo esa suerte.

- Joven, hoy hace mes y medio que no me pagas.
 No hubo contestación de Raimundo, pues el simple hecho de buscar la llave apropiada para esa puerta le ocupaba la mente.
 - Joven ¿ Cuando me pagarás ?
 - Pronto señora, pronto.
 - Lo mismo dijiste la semana pasada, y la anterior y la...
 - Por favor señora déjeme descansar, es tarde y ni usted misma desea escucharse.
 - ¿ Y cuando descansaré yo ?¿ Cuando ?
 - ¡ Cuando llegue a la tumba señora ! Y ya de paso descansaremos todos.
 Dicho esto se abrió la puerta del piso.
 - ¿ Pero como te atreves ?
 - Vayase a dormir señora, ya ya hablaremos mañana, pues espero que hasta usted tenga mejores cosas que hacer.
 Dicho esto, Raimundo Revilla entró en su cuchitril dándole la espalda a la señora aún expectante y cerrándose tras él la puerta. Misión cumplida, había llegado una vez más a casa sano y salvo, esquivando aquellas mandíbulas que solo querían exprimirlo.
 Sin entretenerse más tiempo,decidió dormir, pues deseaba descansar. Ya en la cama el joven hombre no podía coger el sueño y no paraba de moverse en su colchón. Miró la hora y deseó que no fuese muy tarde " las dos y dieciocho de la madrugada" susurró en la penumbra, se había acostado ciertos días más tarde y con eso se consolaba. Al rato, y sin dejar de retorcerse entre las sábanas volvió a mirar la hora " las dos y dieciocho de la madrugada ". Obviamente esto era imposible pues había estado al menos media hora dando vueltas en aquella cama. Comprobó de nuevo la hora " las dos y dieciocho de la madrugada ". Definitivamente el reloj estaba roto, cosa que a él no le extrañaba dado que días anteriores ya había hecho amagos con los mismos síntomas. No podía dormirse, comenzó a ponerse nervioso pues no poder descansar era la peor de las condenas para él. Decidió levantarse y despejarse en la frescura de la noche. Se asomó a la ventana, la luna se presentaba solitaria en el paisaje de un cielo despejado. No circulaban coches, y todas las luces estaban apagadas en un silencio sepulcral, era él el único que continuaba despierto en aquella ciudad inerte. Sin nada nuevo que ver, se cansó de las vistas y se dirigió al baño. Se arrojó agua sobre la cara para despejarse, total estaba muy nervioso e iba a tardar en acostarse. En aquel momento decidió que en cuanto pudiese se mudaría de piso, que jamás volvería a pasar por un martirio semejante, pues pensaba que la culpa de sus nervios la tenía su casera. Alzó la mirada para verse reflejado en el espejo, pero no se vio, el espejo reflejaba simplemente la pared de enfrente, probó a asomarse otra vez, pero nada, no se veía reflejado, y así un millón de veces pero siempre con el mismo resultado, simplemente él no estaba delante del espejo. Se asusto tanto que decidió huir de aquel piso. Las pocas luces que poseía tampoco le proyectaban, pero de esto no se dio cuenta. " Todo es cosa de la vieja " pensaba " todo es cosa de la casera ella ha hechizado la casa para asustarme y así marcharme ".
 Comenzó a bajar las escaleras de madera, que tal vez, por cortesía esta vez no rechinaron mientras todavía no había cerrado la puerta. Se dirigió directo a la puerta del hogar de la casera y comenzó a golpearla sin piedad.
 -  ¡¡ Abra, abra vieja bruja !!
 No hubo contestación pese a su elevado tono.
 - Echaré la puerta abajo, abra vieja bruja o llamaré a las autoridades.
 Sin dejar de gritar esto, su cólera y rabia estallaron y descolocaron aquella puerta de una atronadora patada. Esa casa era mucho más amplia y a la vez horriblemente antigua. Un largo pasillo que ofrecía las habitaciones del lugar a ambos lados, no paraban de ponerle mucho más nervioso de lo que ya estaba. Se asomó por todas las puertas en busca de la casera, pero no encontraba señal de su presencia a falta de la última puerta a la derecha. Abrió esta ultima puerta con un escándalo tremendo, seguidos de gritos de cólera realmente enfermizos y desesperados, la angustia le impedía dejar de gritar y sus ojos rojos de furia pudieron ver aquella desoladora escena. Fue entonces cuando lo entendió todo.
 Aquella puerta daba a un baño en el que encontró su cuerpo tumbado en una bañera con un puñal clavado en el dorso mientras aquella vieja limpiaba la sangre derramada.

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