domingo, 24 de marzo de 2013


Diálogo para uno (Primera parte).

Ese apagado café no reflejaba perfectamente el cansancio reinante en aquel lugar.
El olor sobrecargado, del sudor resultante del arduo trabajo de un interrogatorio hacia acto de presencia a las dos de la mañana.
- ¿Por qué se ha escapado?
- Vivo en una cárcel, es mi deber.
- ¿Por qué has vuelto?
- No he vuelto, ustedes me han arrestado.
El preso se pasó la lengua por los labios.
-No, tú te has dejado atrapar a mí no me engañas.
-No me he dejado atrapar, ahora mismo, estoy desatendiendo mis obligaciones.
- ¡Cállate y confiesa inútil ! - Dijo una tercera persona.
-¿ Que confiese..- Se pasó la lengua por los labios-.. el qué?
-¿Para qué te has escapado?
- Verá usted inspectora, mi naturaleza es muy distinta a la suya. Usted, vino a este mundo para tener hijos y salvaguardar la vida de personas que no le importan y no conoce en absoluto.
- ¿ A donde quiere llegar?
- Verá usted inspectora, yo soy el demonio que destruye esa tarea.
Pasó de nuevo su lengua por los mezquinos labios, esta vez, dejando entre ver sus sobrenaturales colmillos que afiló años atrás, antes que perdieran el nombre de dientes. Terrible y monstruoso.
Silencio.
-Te hemos acusado únicamente de seis asesinatos, tenemos pruebas más que suficientes para acusarte del asesinato de Alejandra Capril.
-Me había imaginado muchas veces ese nombre en voz de muchas bocas, incluidos en el de su madre, pero en su boca, inspectora, suena mejor.
-Es usted un monstruo.
La mujer, salió del interrogatorio. El otro hombre se quedó para agredirlo y amenazarle, pero no consiguió que moviese un solo dedo ni hacer desaparecer aquella mirada diabólica que se clavaba directa al alma.
La policía se dirigió al baño para vomitar, solamente aguantar esa mirada era suficiente para hacer temblar a una mujer, y mucho más a una madre.
Entró una compañera suya al aseo.
-¿Hoy te toca tener a la niña?
-No la tiene mi marido… mi ex marido ¿Por?
-Porque nos vamos de copas, por si te querías venir.
-Ahora mismo no puedo pensar, después te digo algo.
-Esta bien, te he traído un café.
Con el café en el suelo, la compañera se despidió, abandonó el servicio y se cerró la puerta.
Pero desde el interior se iniciaban unos gritos que no cesaban por mucho que el café dejase de mirarla.

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