HACIA CARONTE POR EL RÍO DE LA VIDA
Los rayos de luz rompían esas bolsas de gases sostenidas
sobre el suelo, que proyectados lamían las fachadas de los edificios
colindantes. Con sabor a un singular color a hielo azul, que mientras describía
a los edificios se deslizaba como un río vertical, afluente del pavimento. Y
allí, en el ángulo inútil del edificio, sobre el suelo, un viejo león
hambriento con aspecto de hombre vislumbró otro león mucho más joven y fiero,
valiente y risueño.
-Joven ¿Cual es la raíz de tu camino?
-¿Quiere que le de unas monedas viejo?
-¿Acaso te sobran?
-Bueno, yo soy artista, vivo de la gente y debo hacerlo así.
-Joven, tu oficio no debería dictar tus principios, al fin y
al cabo, quien se viste con muchos trajes diferentes termina con no vestirse
con ninguno.
-Mis principios están fundamentados en mi arte, en lo que me
hace vivir, pues no conozco ningún principio más puro que ese.
-Pues dime tu ¿Qué será de ti cuando sobre tus principios de
cristal se derrumbe el fogoso entramado de las necesidades naturales, cuando te
enfrentes a la hipocresía de la vida?¿Qué será de tus principios cuando veas
que tu “ arte” no existe, porque es superado?¿Cuando veas que en lo que te
creías mejor ya no lo quieren, sujeto de una relación hipócrita y de simple
necesidad?
-¿Yo? Yo seguiré fuerte, y cuando me derrumbe me levantaré,
porque tengo una fe ciega en lo que hago y en lo que soy, porque se lo que
quiero, y esto, siempre ha sido mi decisión, porque mi voluntad quebrará el
suelo antes que abandonarme.
-Acabarás por morir en el intento.
-Tal vez, pero yo no tengo miedo, porque he asumido ese
riesgo.
-El mundo, joven, no es como crees, allí afuera la gente se
vende por treinta monedas, no tiene principios y solo se guían por el frío
dogma de sobrevivir como puedas sin importar a quien se daña.
-Yo eso no lo se, pero amo lo que hago y no me importan los
demás
-Que dios te guie, porque pronto lo hará Caronte
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